LA CONVERSACIÓN DE AYUDA

Como seres sociables que somos, la comunicación con otros a través de la conversación es algo natural en la vida de la mayoría de las personas. Todos sabemos que hay diversos tipos de conversación, desde un diálogo coloquial y simpático en una tienda, pasando por una charla informal con amigos, hasta una conversación profunda en la que expresamos sentimientos y pensamientos. A ese último tipo de conversación es al que voy a referirme en este artículo, enfocándolo más específicamente a una conversación con una persona que esté sufriendo por uno u otro motivo.
Imaginemos que alguien con sufrimiento psíquico intenta conversar con otra persona para aliviar su peso interior. Una cualidad indispensable del que escucha es la capacidad de "conectar" con el otro, escuchándole de verdad. No hay nada más nefasto para la una conversación de ese tipo que, cuando uno expresa su dolor a otro, éste le conteste inmediatamente casi sin dejar que termine la frase:- !ah!, pues a mí me ocurre lo mismo..- No, eso no hay que hacerlo, ya vendrá el momento de hablar de uno mismo, si se da el caso; pero es que lo que más desea alguien que busca apoyo moral en otro es que se le escuche atentamente, con la cabeza y el corazón. Así pues, el que habla explica su situación entrelazando elementos de su vida que tienen que ver con su pasado y su presente. Quien escucha debe preguntar, si algo no le queda claro, y permitir que el otro concretice algún punto en especial. Una conversación llevada de esa manera facilita a la persona que sufre darse cuenta de algunas conexiones que hasta entonces no había advertido.
En la conversación de ayuda se da un curioso fenómeno: cuando se buscan palabras para expresar lo que nos ocurre en la vida, los pensamientos y los sentimientos se aclaran, salimos de la oscuridad de nuestros problemas y aparece más luz en nuestra vida. Es algo esencialmente humano y a veces casi imprescindible, es según que momento, tener a alguien que nos atienda, que sienta con nosotros sin juzgar.
Así como el ser humano necesita compartir la alegría y la felicidad, también le es bueno poder expresar a otro penas y preocupaciones. Quien ante una situación de conflicto no puede contar con nadie, entra en aquella zona interna de soledad que le hunde todavía más en su tristeza. Pero si esas dificultades se manifiestan a otro que le atiende auténticamente, el sentimiento de aislamiento disminuye y hay un alivio interior.
En ese tipo de conversación es importante que la persona pregunte lo que desee, que exprese todo lo que le oprime, todo lo que cree que le amenaza. Hay épocas en la vida en las que uno no se puede permitir tragárselo todo y pasar de la ayuda exterior. En esos tiempos es necesario aceptar que se necesita ayuda y pedirla.
Ya se sabe que encontrar a un auténtico amigo con quien poder hablar y confiar de esa manera es difícil, pero no imposible, hay que estar abierto y saber escoger a la persona adecuada. Si así lo hacemos, veremos que nuestra vida se abre a nuevas posibilidades, que lo oscuro se hace claro, que volvemos a encontrar sentido a nuestra vida.

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