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LOS SENTIMIENTOS DE CULPA
Existe un sentimiento sano de culpa. Este potencial debe ser tenido en
cuenta ya que nos muestra en qué no hemos obrado bien, si nuestra
conducta ha sido perjudicial para nosotros o para los demás. A veces
nos descuidamos a nosotros mismos física y psíquicamente; si nos
percibimos de ello sintiéndonos mal, el sentimiento de culpa puede
ayudarnos al cambio, nos puede hacer reaccionar para pasar a cuidarnos
en todos los niveles: físico, afectivo, etc...
Existen también sentimientos de culpa que estén totalmente infundados
y que sólo sirven para minusvalorarnos a nosotros mismos. Podríamos
hablar aquí de la "culpa neurótica", que tanto daño hace a
uno mismo y a las relaciones con los demás. ¿ En qué se basa la culpa
neurótica?. En sentimientos de inseguridad y en valorarse muy poco a si
mismo. Quien sufre de este tipo de sentimientos de culpa tiene tendencia
a hacerse reproches por casi todo, a exigir demasiado de sí mismo no
permitiendo ni aceptando que a veces, uno puede equivocarse en algo. La
persona quiere dar una imagen de sí misma tan buena, que no puede
soportar si los otros le descubren sus fallos. Una voz interior negativa
parece acompañarle a menudo: "si no hubiera dicho esto...",
"si hubieras actuado de otro modo...."
La culpa neurótica es muy destructiva porque desvaloriza totalmente a
quien la sufre. A menudo es muy difícil salir de esos sentimientos parásitos
de culpa porque uno se ha acostumbrado a ellos y forman parte de su modo
de sentirse habitualmente. La persona puede llegar a caer en un
victimismo total al creer que casi todo lo que hace está mal hecho. De
este modo se puede dar una gran pérdida de energía y caer en depresión.
Para salir de esos sentimientos de culpa neurótica, destructiva, lo más
importante será que la persona se de cuenta de esa voz interior
negativa que no le permite estar contenta consigo misma, con su modo de
actuar y de relacionarse con los demás. Algo esencial para superar ese
sentimiento de culpa neurótica es aprender a valorarse más a sí
mismo. Es preciso darse cuenta de que se tiene un valor como persona, y
que ese valor es intrínseco a uno mismo. Si actuamos conforme a lo que
creemos en ese momento, no tiene sentido martirizarse después con
sentimientos de culpa porque no hemos actuado de otro modo. Valorarse a
si mismo, aceptarse a si mismo, "quererse" a si mismo, esa sería
la clave.
Cuando hay plena aceptación de la propia persona, los sentimientos de
culpa de tipo neurótico empiezan a desvanecerse, porque uno se hace
consciente de que ha actuado como en ese momento creía correcto, y si
percibe después que ha hecho algo mal, tendrá la capacidad de
reconocerlo e intentar cambiarlo. La culpa destructiva irá
desapareciendo y nos sentiremos más felices conforme más nos aceptemos
a nosotros mismos con nuestros defectos y nuestras virtudes.
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